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Liberen al
Pretor !!!
Por Francisco José Pestanha
Reconozco
poseer un considerable desprecio por los análisis políticos de coyuntura. Creo
que el coyunturalismo, es una abominable práctica intelectual forjada
a la sazón del pragmatismo individualista reinante de estas últimas décadas.
Pero un acontecimiento como
la liberación de Carlos Menem a raíz del fallo recientemente emitido por el supremo
tribunal de justicia, constituye un hecho que - aunque netamente actual - puede
ser analizado desde una perspectiva estratégica como la que hoy pretendo esbozar.
En estas semanas, opinadores,
politiqueros y advenedizos han repetido hasta el hartazgo que la sentencia a través
de la cual el ex mandatario recuperó su libertad, respondió a una determinada
composición de la Corte, o a una estrategia del gobierno para producir un conflicto
en el principal partido de la oposición, o simplemente, que la mentada resolución
judicial se sujetó a estrictos criterios de lógica jurídica.
Éstas y otras reflexiones,
lejos de responder a un agudo análisis sobre las circunstancias que rodearon tal
evento, constituyen a mi criterio a una serie de razonamientos sujetos a una casuística
absolutamente falaz, muy vinculada a la estructura de pensamiento post
modernista local .
En realidad creo entender que
la excarcelación de Carlos Menem forma parte de una jugada bien diseñada por los
sectores que detentan el poder en Argentina, consentida complacientemente por
la mayor parte de los partidos políticos adictos al régimen y absolutamente funcional
a las necesidades geopolíticas del departamento de estado.
En primera instancia hay que reconocer definitivamente que el nuevo orden
material y simbólico que se instauró en nuestro país a partir de mediados de la
década de 1970 encontró en el período menemista su etapa de mayor esplendor, y
en el ex presidente Menem, el único dirigente capaz de domesticar a un movimiento
político que supo, durante varias décadas, cuestionar las estructuras de poder
sobre las cuales se asentó dicho orden.
El último gobierno justicialista se sustentó en una alianza pacientemente
tejida entre un fragmento importante de la dirigencia política y el sector vinculado
al capital financiero especulativo local e internacional. La moneda de cambio
de dicho acuerdo se constituyó en un programa mediante el cual se ejecutó la enajenación
más brutal de las empresas y de los recursos estratégicos del estado de la que
se haya tenido conocimiento en nuestra historia. Dicha alianza también se consolidó
en el tiempo a través de una serie indefinida de articulaciones entre los representantes
de dicho capital financiero, dirigentes políticos de las agrupaciones mayoritarias,
empresarios y miembros de la conducción sindical vinculada a los gremios de los
servicios privatizados.
La convertibilidad diseñada por Cavallo se convirtió en una ficción
necesaria para que, estabilidad de por medio, se mantuviera a un público (hastiado
de la exacción hiperinflacionaria) dócil hacia la estrategia privatista. Cabe
aclarar, como ya he sostenido reiteradamente, que un programa como el diseñado
por la mediterránea sólo tiene sentido en el marco de un proceso de alta concentración
económica.
A pesar de la notable funcionalidad
del menemismo al régimen, la ultima etapa de su gobierno estuvo enmarcada en una
fase de notorio desgaste y desprestigio. Los primeros signos de descomposición
económica y los constantes escándalos derivados de hechos de presunta corrupción
o vinculados a negociados entre el sector político y financiero, terminaron tirando
por la borda la imagen de un presidente que parecía poder con todo.
El deterioro del justicialismo
(como ahora prefieren llamarlo) en el poder, puso seriamente en peligro la continuidad
hegemónica del régimen, situación que determinó la necesidad de establecer una
nueva alianza política que se convirtiera en una alternativa suavizada a las conductas
públicas del gobierno. El menemismo se empezaba a tornar disfuncial al régimen,
a través de la exhibición de los aspectos más execrables y obscenos de su constitución.
El
acuerdo entre De La Rúa, conspicuo representante del Alvearismo radical y Alvarez,
otrora representante de la izquierda peronista y devenido recientemente en líder
del progresismo urbano, se presentó de este modo en una alternativa purificada
y con posibilidades de constituirse en recambio.
El fracaso estrepitoso de esta
alternativa era de esperarse ya que los compromisos asumidos por las
organizaciones políticas que constituyeron la denominada alianza eran
similares a los que sustentaron al menemismo. La idea: mantener el status
quo, claro que con otras caras un poco mejor maquilladas.
La renuncia del Vicepresidente y la caída de Machinea, aceleraron el proceso
de desgaste del gobierno. La clase dirigente, desesperada, recurrió entonces
a uno de los padres del modelo para evitar la hecatombe, Domingo Cavallo.
En
oportunidad de asumir el mediterráneo como nuevo ministro de economía y en un
trabajo que titulé Política sin poder, sostuve que de
la simple observación de los últimos acontecimientos, la notable deslegitimación
del poder político generó la necesidad de recurrir al protagonismo de un hombre
que reunía las condiciones requeridas por el poder económico capacidad técnica
y de trabajo, ambición política (desprecio hacia los políticos), prestigio, crédito
internacional y last but not lest, la confianza de un sector importante de una
sociedad desorientada, descreída y volátil.[1]
Concluí dicho trabajo advirtiendo
que La democracia, más allá de definirse por una serie
de procedimientos formalizados mediante los cuales los ciudadanos eligen a sus
representantes, posee intrínsecamente una lógica o dinámica propia que permite
regular las relaciones de poder interno dentro de una sociedad dada. El deterioro
progresivo en los niveles de legitimidad de los dirigentes políticos produce un
desequilibrio - cuya persistencia en el tiempo - puede generar profundas distorsiones
en el sistema. [2]
Así,
Cavallo se transformó en la esperanza salvadora de un sistema político cada vez
más atado a la suerte del régimen. El hecho de que todas las leyes diseñadas por
el ministro hayan sido aprobadas por el congreso a libro cerrado la demuestran
a las claras tal afirmación.
Pero el país
ya no es el mismo. Cavallo sustentó su milagro en la seducción y atracción
de capital financiero ávido de beneficios extraordinarios; Dichos recursos se
han extinguido y no existe recambio. Mingo, como lo denomina cariñosamente el
estabilishment político, encuentra además absolutamente deteriorada su confiabilidad
en el exterior y su credibilidad en el interior.
Entonces,
sólo queda el pretor?.
- La liberación del pretor:
Un
régimen como el que detenta el poder en la Argentina necesita más que nunca para
sustentarse aún más en el poder - por un lado la cuota de personalismo
que De la Rúa no puede garantizar - y por el otro - una capacidad de gestión vinculada
a un manejo de variables que la tecnocracia partidocrática vinculada al radicalismo
jamás fue capaz de generar.
En
ese sentido, hace pocos días un conspicuo ex funcionario íntimamente relacionado
a la diplomacia del régimen, Sir. Carlos Escudé, declaraba ante un
medio masivo de comunicación con una sinceridad meridiana que sólo Menem podría
garantizar el déficit cero necesario para sacar al país adelante, claro dijo,
con tanques en la calle sí eso fuera necesario.
Los pretores eran magistrados
romanos de rango inferior al cónsul, que ejercían jurisdicción en alguna circunscripción
territorial de la Roma antigua o de sus provincias. Se constituían en una suerte
de protector de los intereses centrales en los terrúneos bajo su dominio.
Ante
el fracaso de la Alianza y del plan Cavallo, Carlos Menem vuelve a presentarse
seriamente como la alternativa, como aquella fuerza revitalizadora de un régimen
que se niega a replegarse.
En la sociedad de los idiotas
útiles, sostuvimos que a efectos de salvaguardar a la alianza, el encarcelamiento
de Menem devenía funcional y que su prisión respondía
por una parte a la necesidad de preservar cuanto menos un a sector emergente
de clase política complaciente y funcional y por otra - y ante la gravedad de
la situación económica general - como una tentativa de salvamento de las débiles
instituciones democráticas y por ende de su propio predominio en la región(del
departamento de estado).
Hoy, ante la debacle del gobierno
y de un Cavallo que no sólo ha sufrido serios traspiés en los foros mundiales,
sinó que además comienza a ser desamparado por sus patrones, la figura de Menem
emerge nuevamente.
El
régimen sigue desmoronándose y la carrera es contra reloj. Una serie de medidas
acaban de ser implementadas a partir de nueva expropiación del ahorro de los Argentinos.
La clase política mantiene un silencio cómplice y apuesta sus últimas fichas al
ex presidente.
La
jugada final se constituye en la última alternativa de supervivencia para núcleo
de dirigentes e intelectuales que durante la década pasada, prometieron a los
argentinos un glorioso ingreso al primer mundo y que nos condujeron al oprobio
y a la decadencia..
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