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De las tarántulas.
Autor: Miguel Andrés Brenner.
Febrero de 2002
Así
os hablo yo en parábola a los que levantáis torbellinos en el alma, predicadores
de la igualdad!
¡Vosotros sois
para mí tarántulas sedientas de secretas venganzas! Esas arañas venenosas hablan
a favor de la vida, a pesar de estar agazapadas en sus cavernas y alejadas de
la vida: porque así quieren hacer daño.
Federico
Nietzsche. Así hablaba Zaratustra
No
es cierto que la televisión refleja a la sociedad como cierta parece la proposición
inversa: que la sociedad argentina existe ahora solamente en estado televisivo,
vicario, imaginado. Si no hubiera televisión, De la Rúa seguiría aún siendo presidente.
Les quiero mostrar ahora una nueva política
educativa, la política educativa de calidad, que quiere al hombre en su
plenitud, que quiere la excelencia aquí y no más allá. Es la política educativa
de calidad, poder que se hace carne.
¿Cuáles son las
condiciones pertinentes para la gestión de una política educativa eficiente y
eficaz? Todas las acciones y normativas que incrementan el sentimiento de poder
en el político, la voluntad de poder, el poder mismo.
¿Cuál es una política
educativa nefasta? Toda aquella que nace de la debilidad.
¿Qué es el éxito? El sentimiento
de que el poder crece, de que la resistencia ha sido vencida.
No a la conformidad sino
más poder; no la paz sino la guerra contra los pusilánimes.
Los docentes, débiles
y fracasados, serán sometidos; primer principio de una política educativa que
ama la escuela. E incluso se le prestará toda la ayuda posible.
¿Qué es más dañino que
cualquier vicio? La piedad activa por todos los fracasados y todos los débiles:
los docentes con su Estatuto, sus alumnos.
Hay que hacer la guerra a
los docentes. Para aquellos una escuela de calidad exige que el Estado se haga
cargo para igualar oportunidades. El verdadero amor por la educación exige el
exterminio no sentimental de los débiles y los fracasados. Y los débiles y los
fracasados son la vasta mayoría de los docentes, pero también la vasta mayoría
de los alumnos, para quienes la institución, básicamente, debe guardar y ofrecer
algunos atisbos de asistencia. La camada docente, al desear, el animal de rebaño,
el animal humano enfermo, rechaza el logro de la excelencia humana, es decir,
de un tipo superior, una especie de superhombre, extremadamente raro pero posible
siempre y en todas partes.
Cómo podría ser esta moral en
acción?
·
Desde mi posición de
poder, sin considerar el malestar docente, o sea, como si no existiera, emitir
discursos de calidad, normativas que referencian a la calidad, de manera tal que
convoque a los miserables a la calidad, pero como son miserables poco podrán hacer
con ella. Es entonces, que tengo que ingeniarme a fin de inventar el Proyecto
Educativo Institucional y la descentralización con el objetivo de, con mano dura
e hipercentralizadamente, descentralizar la responsabilidad de la culpa de la
excrecencia educativa.
·
Si alguien tiene trabajo, tengo que mostrar ser más poderoso que
él. Tengo que mostrar el poder haciéndole sentir que puedo dejarlo cesante, puedo
reducirle el sueldo, puedo obligarlo a trabajar más allá de su dignidad, pagarle
poco o nada si es posible. Me tiene que tener miedo, miedo porque puedo echarlo,
ya que muchos están tras de él buscando su puesto, aunque sea en peores condiciones,
y aun me lo agradecerían. Sin embargo, debo decirle al mundo, a mis conciudadanos
que solamente puedo pagar según la productividad y la competitividad. Y si no
hay productividad y competitividad no es mi culpa.
·
Si los pobres no tienen
servicios dignos de educación la culpa no es mía. Yo trabajo, gano dinero, mucho
dinero, tengo poder, tengo más poder. Tengo a la policía que me defiende si los
gremios o los villeros signados por las heces se desbordan (y aún más, yo dejo
que ganen dinero con estos últimos, aunque me escandalice si son atrapados públicamente).
Yo hago la mía. Que cada uno sea capaz de conseguir lo que pueda, siempre y cuando
no me moleste. Si tiene que molestar a alguien, que moleste a su propio convecino,
a los colegas docentes, a los alumnos, a sus padres.
·
Y si alguien tiene la
culpa, en última instancia es de los docentes que nunca quieren mejorar, y siguen
siempre en la misma, y de los negros que no tienen educación.
·
Yo tengo paz interior.
Vivo feliz. No molesto a nadie. Voy al gimnasio, cuido mi cuerpo. Me preocupo
en no tener grasas. Tengo una dieta adecuada. Me siento bien. No jodo a nadie,
que nadie me joda. Quiero ser yo mismo.
Ser misericordioso es signo
de debilidad, aunque con mis palabras deba aparentar ser misericordioso.
Buscar ante la ley la igualdad
de los hombres, una calidad auténtica para todos, porque son iguales ante Dios
o ante la Ley, es mentira. Simplemente porque Dios no existe, y si existe es un
invento de los seres humanos para tapar su miedo a la muerte, su debilidad no
queriendo aplastar a otros para ser superior. Simplemente porque la Ley es una
construcción de los más fuertes (el derecho penal es para los pobres, y el derecho
civil para los que tienen dinero).
Lo que importa es un ser
superior, un ser guerrero, y si no con las armas físicas, con las armas del dinero,
de la injuria, del desprecio. Lo verdaderamente digno es despreciar a los débiles,
aunque con las propias palabras, para que los débiles no se subleven, mostrarles
compasión, misericordia, mostrarles interés por desear mejorar la institución
escuela.
¿Es todo esto mentira? ¿Y
qué importa? Mas bien, todo es mentira. Todo es invento para tener poder o para
dejarse dominar. La ley es justicia para el fuerte, el débil resulta atrapado
por la misma. La política es beneficio para pocos, aunque digan estar preocupados
por todos. La economía es la guerra de todos contra todos, pero ganan unos pocos,
los que realmente tienen poder, los que realmente son valerosos. Ahí radica el
valor, la valía, la valentía. La política educativa es acompañar esa guerra de
todos contra todos en la que ganan unos pocos.
Los movimientos de educadores
que apelan a un Hombre Nuevo nos enseñan que debemos educar a las jóvenes generaciones
o propender a su emancipación. ¿Pero, cómo es esa educación? Producir débiles
que luchen y busquen poder para derrocar a los verdaderos fuertes, sea en economía
o en política. Por ello, debemos aparentar como respetuosos con ellos, porque
nos ayuda a ser poderosos. Cuando aplastamos a los débiles, la mayoría, debemos
pedirle a la superioridad institucional la mansedumbre de sus ovejas, que las
apacienten, que les hablen con palabras de la vocación, del compromiso con el
rol docente y de la calidad, que nada tengan que ver con nuestra realidad, y que
no ayuden a la gente a interpretar su época escolar. Para interpretarla estoy
yo, que soy poderoso, tengo mis editoriales, mis radios, mis canales de televisión,
mis periodistas, mis políticos.
Que los docentes se preocupen
por la propia acción laboral, que se escondan en el aula, que interpreten el hecho
educativo solamente desde el aula (*), así me dejan a mí el camino libre para
ser poderoso.
Solamente vale el hombre
que es poderoso. Me conviene que me tengan miedo o crean que si hacen huelga les
descontaré de sus salarios el dinero que yo considere adecuado. En ciertas oportunidades,
les retacearé información, lanzaré rumores que no desmentiré, los presionaré con
normativas imprevistas que los obligarán a desandar lo andado (de hoy
para ayer), pues el manejo a mi arbitrio de información los mantendrá
en ascuas, y la incertidumbre es condición a fin de que yo preserve y acreciente
mi poder.
Los imbéciles creen, también,
que educan y que luchan por sus derechos. En realidad destruyen a los que dicen
educar, pues al no enseñar destruyen a los pobres, los hacen más miserables. Y
ello no me importa, pues nosotros los poderosos, los ricos, tenemos nuestras propias
escuelas en las que seguimos dando clases con docentes aliados a nuestra ideología
por un poco de migaja de dinero que les tiramos de los que nos sobra, a manera
de migajas de pan.
Que los hagan misérrimos,
me conviene. Ello me permitirá, mirándolos desde arriba, hacer con ellos, los
pobres, lo que quiera. Yo desde mi posición, ante los docentes, pero más que nada
con un discurso dirigido para los padres, hablaré de la libertad de trabajo,
de la responsabilidad, de la educación de nuestros tiernos niños, de los días
de clases perdidos (aunque no me importa si las clases dadas son basura, con tal
que en los papeles aparezcan las expectativas de logro alcanzadas y en las estadísticas
los números cierren con promociones y egresos). Por supuesto, echaré toda la culpa
a la insensibilidad de sus maestros, me lamentaré por su falta de corazón, y tendré
mis acólitos, los licenciados en ciencias de la educación que pondrán en mis labios
los discursos más elocuentes, grandilocuentes de la transformación educativa.
A tal efecto convocaré, entre otros, a los Emilio Tenti, Inés Aguerrondo, Cecilia
Braslavsky, Daniel Filmus... para que sean los ideólogos de la destrucción de
la escuela del Estado, destrucción ocultada por los bellísimos enunciados de la
construcción de los aprendizajes, competencias, democratización de la
educación, proyecto educativo institucional, etc.
Ellos, los docentes, tienen
sus pastores, la superioridad institucional, que debe lograr ovejas dóciles, mansas.
Aquella, según mi gusto, deberá tender a lograr la paz social en los enseñantes
mediante el buen gobierno. El superior es, simplemente, un ejecutor de la política
educativa. No debe pensar por si mismo, ni desde la pusilanimidad propia de
los maestros. Y una manera de lograr dicha paz social consiste en ocultar, y en
tanto ello mantener a la vez, las discordias intrainstitucionales.
Pero, en realidad, ¿en qué
consiste el espíritu de los docentes? En el chusmerío en el que se encuentran
llorando porque cada uno quiere ser más poderoso que el otro en el mezquino espacio
de su pequeña escuela. Quieren ser poderosos en sus pequeños y mezquinos espacios.
Quieren mostrarse como generosos y humildes ante los demás. Hablan de la entrega,
la responsabilidad, el compromiso, el esfuerzo, cuando en realidad intentan reproducir
en sus pequeños y estúpidos mundos el poder que jamás conseguirán, el poder de
los verdaderamente poderosos. Viven en una burbuja de jabón, viven en la ilusión
de servir a otros, pero se sirven a sí mismos. Hablan de la educación, de la formación
de ciudadanos responsables, pero solo les interesa sus mezquinos intereses, sin
nobleza alguna. Me conviene que se desgasten peleándose entre ellos, peleándose
por esos pequeños y mezquinos espacios de poder, de quien manda más. Así me dejan
los grandes espacios en los que muestre quién es el que tiene el verdadero valor,
el verdadero poder.
Tiene el verdadero valor
el que lo conquista, y el que lo conquista aunque sea con la miseria, con el hambre,
con la enfermedad de la mayoría. Precisamente, esa mayoría no puede ni quiere
valerse por sí misma. Y si no lo desea es porque no merece nada más. Es indigna
del poder porque no quiere conquistarlo. Los pobres son pobres porque temen a
los ricos, los envidian. El envidiar significa que si llegaran a ser ricos harían
lo mismo con los pobres. Pero no tienen la fuerza ni el deseo ni la valentía,
son unos cobardes, unos temerosos. En oportunidades, los maestros, se unen con
los pobres para disputarles el poder a los nobles, pero esa unión es ficticia,
ya que cuando pueden se comen entre ellos. Y aún más. Aquellos que nos increpan
como corruptos, a nosotros, los políticos de la educación, si fueran políticos
serían los primeros que robarían a su propio pueblo, ¡claro!, tratando que la
gente no se de cuenta de la corrupción. ¡Ustedes, docentes, son unos corruptos
fracasados! ¿Cuántas veces y con cuánta insistencia en sus enunciados pronuncian
el deseo de justicia, el deseo de luchar por la justicia y por la calidad de la
educación? Pero, lo único que les interesa son sus bolsillos. Hasta que sus bolsillos
no fueron afectados, les interesaba un ápice la escuela y su calidad, la escuela
y el proyecto político educativo que, como dis-proyecto, conllevó a la situación
en que se encuentra actualmente la educación argentina. ¿Y en qué terminan los
supuestos deseos de justicia y de calidad? En conflictos por el poder en la micro
institución escuela, en oprimir a los alumnos con normativas arbitrarias dentro
de lo único en lo que dicen poder mandar, en el aula, para generar en los alumnos
temor y sumisión, y en el mejor de los casos, bajo la pantalla, y en el nombre,
de la comunidad educativa y del proyecto educativo institucional.
Siempre hablaron de la paz,
aunque una paz de cementerios, porque allí no hay reclamos por las injusticias.
Es que en sus pronunciamientos pacifistas solo hay resignación. Es que son esclavos:
temen a la muerte, viven en la muerte, pero hablan de la vida. ¡¿Qué hipocresía?!
Ahora, por conveniencia se
unen a los piqueteros, pero hasta hace poco los denigraban por cuanto interrumpían
el tránsito. ¡Hipócritas!
Yo los venceré, haré que
reconozcan, aunque sea a la fuerza, la condición indigna en la que viven, simplemente
porque son indignos. Y yo soy el que realmente tiene la palabra, no ellos. Haré
que sufran su indignidad, no sea que quieran humillar a los nobles quitándoles
sus bienes y el poder. Aunque, lo que yo hable, lo que yo diga, lo que muestre
en los medios de comunicación, lo haré con dulzura, con compasión, con misericordia,
mostrando que sufro con los que sufren, simplemente como estrategia para seguir
manteniendo calmos a los que desean ser esclavos.
La libertad se conquista,
no se regala. El ser humano no nace libre. La libertad es resultado de una lucha
constante. El que no quiere luchar tiene lo que se merece. Es un pobre hombre.
El hombre común es enfermo de debilidad, y sus pastores pastorean esa debilidad.
El verdadero hombre es el
que se anima a mostrar que es verdadero hombre, el que lucha por serlo, el que
aún es capaz de dejar la vida por ello. No es quien se compadece de la miseria,
porque apoya la condición miserable. Y si se compadece, debe serlo solamente de
palabra, para conservar su propio poder.
Para los educadores la fuerza
es despreciada como pecado. Los instintos como pecado. La sexualidad es ocultada.
Sin embargo, en la fuerza está el poder, en los instintos la vida que busca realizarse,
en la sexualidad el placer. ¡Qué hipocresía de quienes dicen predicar la formación
del ciudadano, cuando buscan hombres débiles, cuando niegan la vida y el placer!
Yo utilizo la hipocresía
de los docentes como arma de batalla. Con mi boca me lleno de misericordia,
y con mi fuerza muestro quién es el poderoso y quién es el débil.
Que exista la hipocresía
de los docentes me conviene. Aquella es opio para ellos y vigor para mí.
Mis labios estarán teñidos
de formación integral e integradora, humanista y trascendente, de paz. Mis manos
les quitarán lo suyo porque no se lo merecen, mi corazón los aborrecerá por su
debilidad, mis pies los patearán porque no aman la vida. Mis labios se llenarán
de la Transformación Educativa... De mis ojos surcarán algunas
lágrimas, y aún no querré darme cuenta que los odio, porque mi sentimiento se
compadecerá de ellos, aunque haré todo lo posible para mostrarles dónde está el
poder, quién lo tiene, quién se hace valer, y por lo tanto quién es el que vale.
¿Qué significa que los odie?
Que busque la destrucción de aquellos.
¿Y de qué manera? Llorando públicamente, ante la vista
de todos, por sus padeceres, pero siendo indiferente con la condición en que viven
y conviven, siendo indiferente con la condición educativa que padecen y, además,
propiciándola, aunque, más que indiferente, utilizándolos como simple variables
de cálculo para mi beneficio, para acrecentar mi poder. ¿Y qué más significa que
los odie? Presentarme como profeta que denuncia la pésima calidad educativa y
anuncia un porvenir pleno de esperanza si es que se avienen por el esfuerzo individual
a mis dictámenes, aunque con la convicción que jamás lo harán.
En realidad, yo estoy más
allá de toda política institucional, pues ésta es una cuestión de esclavos.
Y Yo pretendo ser a la manera
del Gran Hermano desde las teorías pedagógicas vigentes. (**)
Interrogantes, motivo para
la reflexión personal :
¿Cuál es el primer impacto, a nivel afectivo, que me produce la lectura del
texto?
¿Luego del impacto inicial, qué
es lo que puedo pensar a partir del plafón afectivo mencionado?
Notas/comentarios:
(*) Para Juan Carlos Tedesco, director
del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación ( IIPE-Buenos Aires),
organismo de la UNESCO, llegó el momento de focalizar la atención en las aulas.
Con la transformación educativa de esta
última década ya cambiamos los contenidos de la educación, la estructura y el
modelo de gestión. Ahora hay que meterse de lleno con la escuela y el docente',
dijo. Sugirió una mayor coordinación entre profesores, que se forme un verdadero
equipo para que la formación no sea tan compartimentada y dividida. Y que el
maestro esté más cerca de los alumnos, conozca sus códigos y su cultura y, además,
participe de la toma de decisiones de su colegio para que se identifique y comprometa
más con él. ... Para el doctor Guillermo Jaim Etcheverry, ... académico
de Educación...
, El sistema educativo está
más preocupado por entretener al alumno que por enseñarle algo. Revertir este
estado supone...el coraje de admitir que la escuela es un lugar en el que se debe
volver a enseñar. ...
Instalemos en el aula la cultura del esfuerzo, del trabajo y la producción. Asumamos el papel
de activos promotores del proceso de reconstrucción nacional. , concluyó Tedesco en una de sus conferencias.
... El especialista Alfredo van Gelderen, académico de Educación, se mostró crítico
con respecto a las evaluaciones... /que/ deberían ser amplias y medir no sólo
el conocimiento lógico o racional, sino el comportamiento moral, o la inteligencia
emocional. Diario
La Nación, 10/2/02, refiriéndose al 39° Curso de Rectores del CONSUDEC. Obviamente,
en virtud a sus enunciados, pareciera que nuestros ilustres intelectuales y académicos
hubieran recientemente descubierto la pólvora, dentro de los cánones más acérrimos
del neoliberalismo que destruye la escuela del Estado.
(**) ¿Por qué realizo tal afirmación? Dos vectores
de dirección contraria atraviesan la escuela argentina: por una parte, la ficcionalización
de la teoría pedagógica, por otra parte la pretendida verosimilización de la ficción,
donde se apuesta a seducir con un pretendido naturalismo. El objetivo radica en
una especie discursiva, a la manera de un Gran Hermano, consistente en un gran
dispositivo de control, bajo la apariencia de calidad total, que condiciona
la propia praxis docente. Hay maestros y alumnos comunes encerrados en una escuela
durante una determinada cantidad de días (ciclo lectivo), supuestamente, y bajo
el pre-texto de la relativa autonomía, sin ser condicionados por el mundo de la
política y de la economía, es decir, sin contacto con el mundo exterior, interpretados,
non-stop, por enunciados cuando enseñan, cuando aprenden, cuando sucede el período
de compensación, etc. Las tecnologías del yo, según la manera explicitada por
Michel Foucault, nuevamente se manifiestan, mediatizadas por los enunciados de
los discursos pedagógicos del neoliberalismo. La realidad es la que resulta disciplinada
por la imposición de un molde de ficción: casting (selección de alumnos
según el perfil socioeconómico de la escuela), reglas del juego, monitoreo, determinación
de la calidad. La simulada transparencia de los discursos pedagógicos del neoliberalismo,
y la pretendida avidez de los docentes por consumirlos, no pueden sino entenderse
como un modo vicario de ver, precisamente cuando el futuro de la sociedad se nos
ha tornado más complejo y opaco que nunca. Y ahí estriba el engaño: no en hacernos
creer que vemos una escuela de maravillas (cuando no vemos realmente), como en
hacernos creer que todo pueda verse así, y que es cuestión de arbitrar las tecnologías
apropiadas para lograrlo.
Entonces, se presentan dispositivos de control, por cuanto se encuentran
predeterminados...
El espacio
geográfico de la escuela.
El mobiliario
del espacio geográfico de la escuela y su ubicación.
Los
tiempos, por cuanto se establecen dinámicas para los integrantes de la escuela.
Las
normativas como reglas de juego, los supervisores que monitorean, los libros de
textos, las circulares pedagógicas que constantemente controlan (o simulan controlar)
los movimientos de los integrantes de la escuela, sea cuales sean.
Los ampulosos enunciados propios de las teorías
pedagógicas neoliberales, que actuarían al modo de las cámaras, micrófonos, de
los casi-espejos que en cantidad se encuentran en la casa del Gran Hermano. Casi-espejos
por cuanto detrás de los mismos todo puede ser observado sin que nadie se entere
de dicha observación.
Las
conductas de los integrantes de la escuela pueden ser observadas, cuantificadas
estadísticamente y manipuladas. Así, por ejemplo, si el Gran Hermano/Dirección
de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires sostiene que no se respetaron
ciertas reglas, se aplica una normativa disciplinaria.
Por
lo señalado, existen reglas de juego. El término juego alude a espontaneidad y
placer, sin embargo, bajo aquella fachada las conductas se encuentran normatizadas
por los constructores de un programa educativo.
El Gran Hermano
es funcional a las políticas de descentralización y ajuste propiciadas por los
entes financieros internacionales que implican una selección en función de la
calidad total. Las personas seleccionadas para el programa nos muestran un casting
previo desde valores discriminatorios: pertenecen a la raza blanca, tipo europea,
no a otras razas existentes en nuestro país. Excluyen a determinados sectores
sociales, especialmente, a los más desfavorecidos. La mencionada segmentación
tiene que ver, básicamente, con la exclusión de la calidad. Y para ello, se sostiene
un financiamiento educativo basado en la demanda.
La demanda con
que debe contar la escuela es en sí misma un producto social. Tiene su origen
en esquemas de percepción y evaluación histórica y socialmente constituidos y
alimentados y reactivados por los requerimientos de un Estado en la necesidad
de la formación de ciudadanos (¿ciudadanos?). La construcción de la demanda tiene
que ver con la construcción de las preferencias individuales según las prácticas
de existencia social, favorecidas por el Estado mediante sus medidas administrativas.
Actualmente,
y desde los parámetros del mercado, se pretendería una demanda cuyas preferencias
individuales recayeran únicamente sobre los potenciales consumidores.
Y aquí aparece
un problema serio. La noción de ciudadanía tiene que ver con el espacio público,
mientras que la noción de consumidor (relativa al mercado) con el espacio privado
de decisión. La noción de ciudadanía tiene que ver con la posibilidad de lucha
por ganar lugar dentro del espacio público en la medida en que las obligaciones
sobre-excedan a los derechos. La noción de consumidor (mercado) tiene que ver
con el éxito o fracaso atribuidos individualmente.
¿Es que desaparece el ciudadano, o al menos
sería una categoría residual, en favor del consumidor?
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