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  Argentina: La CTA en el corazón de la lucha piquetera

Isabel Rauber


En el último año el movimiento piquetero ha emergido conformándose- como un importante actor social que en más de una ocasión ha protagonizado el centro de los conflictos y resistencias. Cuando el último 8 de agosto -integrado fundamentalmente por pobladores de la capital y la Provincia de Buenos Aires, en su mayoría trabajadores desocupados o subocupados-, ese movimiento confluía frente al Congreso con el torrente humano de trabajadores estatales, docentes, aeronáuticos, judiciales, de la salud, la producción, con amas de casa, jóvenes, niños, pequeños productores, organizaciones de derechos humanos... para de ahí marchar unidos a Plaza de Mayo, tomaba cuerpo aunque aún en embrión- un nuevo sujeto histórico de la transformación social argentina. Como reviviendo la memoria nacional, la Plaza marcaba una vez más, un antes y un después.

      Encarnada en los miles de manifestantes, cristalizaba allí parte de una construcción (y un pensamiento y una determinación) que había comenzado prácticamente una década atrás, cuando previendo el futuro mediato de la sociedad argentina- entre balbuceos, algunos sectores del ámbito sindical, desafiando incomprensiones y desconfianzas, decidieron encarar al futuro, luchar por él y construirlo colectivamente. Allí, en el "espíritu de la militancia" estaban presentes también los que se entregaron a esta causa y apostaron a ella por distintos caminos- hace muchos años, se recogían las ansias libertarias y liberadoras de todo un siglo, y más, y en todo esto como sintetizándolo-, se actualizaba la figura de Germán Abdala, su confianza en el pueblo trabajador, en otro futuro posible para Argentina, en este presente que es también parte de su obra, de su pensamiento, de su alegría...


      Crisol de esperanzas

      En Burzaco, en el año 1991, tomaba forma la esperanza, la decisión de distanciarse de lo viejo y afrontar la construcción de lo nuevo, de creer en la fuerza, la dignidad y la voluntad de los trabajadores y el pueblo todo, la confianza en que otro país es posible, que hay que comenzar a construirlo, y que ello solo será realidad si es obra de los actores-sujetos mismos: los trabajadores y las trabajadoras.

      Esa fue la primera gran herejía de la hoy Central de Trabajadores Argentinos, contenedora y síntesis de muchas otras, entre ellas, la que pudiendo considerarse como la segunda, resume la esencia vital de su existencia y proyección estratégica: decir no al chantaje entre los trabajadores con empleo y los desocupados, asumir y tomar como punto de partida que trabajadores son todos los de tal condición: empleados y desempleados, negándose a hacerle el juego a los que incitan al enfrentamiento entre pobres. Desarticulados y enfrentados entre sí, los trabajadores serían víctimas seguras y sin salida del chantaje de los patrones transnacionales. Por eso, para la CTA, la reconstrucción de fuerza propia que es el embrión de un nuevo sujeto histórico en Argentina-, se propone desde el inicio la articulación con los desocupados partiendo del reconocimiento de su condición de trabajadores. De ahí que plantee la afiliación directa. Y esto no es un simple detalle; es un planteo medular, estratégico.
      Es el sello orgánico de la primera y más básica de todas las articulaciones posibles, la que enfrenta de raíz- la fractura estructural del mundo del trabajo, a la vez que rescata a los desocupados como seres humanos dignos, parte del mundo del trabajo, es decir, de la sociedad argentina. Rechaza la invisibilización y tergiversación de la realidad de marginación de los desocupados y sus familias que se teje cuidadosamente desde el poder, y vuelve hacia el trabajo su pensamiento y acción, identificándolo como el eje central de la problemática nacional.

      El trabajo como eje

      Esto supone la relación con el capital, con la tecnología, con los mercados, y todo esto, la relación entre las personas: los dueños del capital y los que -para sobrevivir- le venden a ellos su fuerza de trabajo. A partir de esta relación básica un sinnúmero de subrelaciones, interconexiones y relaciones derivadas van conformando el complejo mapa social de las relaciones entre clases, y al interior de las clases mismas. Y todo ello se traduce y expresa en las relaciones de poder, en la conformación de un determinado tipo de poder, en las posiciones de fuerza y debilidad de unos y otros. Por eso, el reconocimiento de las transformaciones estructurales del mundo del trabajo como punto de partida de las transformaciones de las relaciones de poder entre las clases fundamentales de la sociedad argentina y la necesidad de construir y acumular poder, fuerza propia para negociar, para disputar y para estar en condiciones de "hacer un proyecto político social diferente", resultan elementos constituyentes y constitutivos de la Central de los Trabajadores Argentinos.


      Los desocupados "piqueteros" se constituyen en actores sociales

      En lucha sin tregua por su sobrevivencia y sus derechos al trabajo, a la salud, a la educación, a la vivienda o a la tierra-, los desocupados mayormente pobladores de los barrios pobres- se constituyeron en actores sociales reconocidos, disputaron y disputan por un lugar en la sociedad, salen a las calles y reclaman. En su manifestación más fuerte, de mayor impacto social, han asumido a los "piquetes" cortes de rutas, calles o puentes- como su forma de lucha fundamental, de ahí que se los identifique como piqueteros.

      En un proceso creciente de participación, organización y propuesta, los piqueteros irrumpen en la palestra socio-político argentina como un nuevo actor social y político. Ellos tienen identidad propia y a la vez, como trabajadores, integran una mayor.

      Una parte del movimiento piquetero integra la CTA a través de su organización afiliada, la Federación por la Tierra, la Vivienda y el Hábitat (FTV). Están los que se identifican a través de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), o con el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD), con el Movimiento "Teresa Rodríguez", con el Movimiento Territorial Liberación, o con otros, pero -por una u otra vía- todos encuentran en ella su máxima referencia, del mismo modo que la CTA se fortalece y reafirma a través de todos ellos. Como sintetiza Luis D'elía, dirigente de la Federación por la Tierra, la Vivienda y el Hábitat: "En realidad, el fin último nuestro no es tener la tierra ni la vivienda aisladamente, es construir el movimiento popular para cambiar las condiciones de poder en la región. ( ) y la central es el intento más serio que hay hoy en nuestro país por recomponer el movimiento popular." Solamente un mirada superficial cuando no intencionalmente insuficiente, puede no ver que es la CTA el factor que aglutina y da dimensión nacional a esta forma en que hoy se expresa el descontento y la determinación de resistir y luchar del pueblo. Y esto no es sino la consecuencia práctica de una construcción colectiva y unitaria con las contradicciones propias de todo lo nuevo que nace y crece-, que se realiza y se juega día a día en las calles argentinas, en las resistencias y en las luchas.

      Los piqueteros, ¿el nuevo sujeto?

      Algunos creen ver en ellos al "nuevo sujeto", otros la "nueva vanguardia" y desconociendo su historia de lucha así como el proceso de construcción articulada que desde hace años viene teniendo lugar en el país, particularmente impulsado desde la CTA-, pretenden que el fenómeno de los piqueteros ha tenido lugar aisladamente, e incluso, para algunos, espontáneamente. Es cierto que como actor social no han surgido "programados" desde afuera por ningún partido político, como también ocurrió en su momento con el surgimiento de la CTA, pero es falso que los piqueteros han surgido (absolutamente) "de lado" de las centrales sindicales. Cierto es que ni la CGT de uno ni la de otro promovieron ni apoyaron los actuales cortes, tampoco alentaron ni apoyaron la organización y constitución histórica de los desocupados como integrantes de la clase trabajadora y de los protagonistas de los cambios. Pero no todos "los sindicalistas" argentinos pueden ponerse en la misma bolsa. La CTA no solo es la excepción entre los sindicatos, es mucho más que eso. Es la primera central de trabajadores de Latinoamérica que nace en esta época, desde las entrañas del modelo neoliberal y, en medio de la entrega más infame del país a la voracidad imperialista, se propone no solo construir una central para todos los trabajadores y reafirmo: incluyendo los desocupados-, sino que, además de eso, se propone consolidarla y ampliarla -a través de la federaciones, de la juventud, de las mujeres, de los niños, etc., a través de articular y articularse con los otros actores socio-políticos, que los hay-, para hacer un proyecto político y social para una Argentina diferente. Y esto no es casual, ni mágico.


      Hacia una articulación plural de actores-sujetos (sujeto), poder y proyecto.

      Con total claridad la CTA previó que solo [re]construyendo articulada y colectivamente (pluralmente) el sujeto histórico capaz de protagonizar los cambios actuales que reclama la nación, en primer lugar, y el continente y el mundo y, simultáneamente con ello, poder propio -conciencia, organización, fuerza propia-, se iría conformando también colectiva y pluralmente el nuevo proyecto de transformación social en la Argentina. Y esto pasa para la CTA-, en primer lugar, por recuperar la identidad como trabajadores, requiere al decir de Víctor De Gennaro-: "que la CTA sea sentida como propia por los compañeros, por los militantes, por los sectores."

      Siguiendo el principio martiano de que "honrar honra", expreso esta reflexiones no con el ánimo de halagar a la militancia ceteatista, sino para insistir en una cuestión muy importante y que, en mi criterio, tiene trascendencia metodológica teórico-práctica: la existencia de la CTA, su propio nacimiento y posterior desarrollo, dan cuenta de que las propuestas, formas de organización, de lucha, de articulación de actores diversos, la construcción de poder y de proyecto, no pueden desprenderse como no se desprenden en este caso- de dogmas petrificados. Ella con sus "herejías"- da cuenta de la vida real o de la realidad de la vida social siempre cambiante, contradictoria y desafiante a la imaginación, a la inventiva, a la fe, a la esperanza individual y colectiva.

      Recuperar la identidad como trabajadores, construir fuerza propia y discutir la estrategia de poder.

      Todo proceso de construcción es parte de los resultados, en sí mismo es un resultado, pero tiene sus puntos de inflexión, que acostumbramos a denominar "saltos". El último congreso de la CTA celebrado en Mar del Plata en 1999, fue escenario de uno de ellos. "Es el primer coágulo de identidad de la CTA afirmó su Secretario General-. Es el primer congreso donde se empieza a discutir la estrategia de poder con fuerza propia desde los trabajadores."

      A partir de entonces se abrió un nuevo tiempo, el de mirar hacia sí mismos y, a la vez, el de ir a ganar a los millones de hombres y mujeres del pueblo que hay que ir a ganar, el de conquistar las calles, el de avanzar en la articulación con otros sectores hacia la configuración del nuevo sujeto que dará cuerpo al nuevo proyecto nacional y popular.

      Por todo eso, este 8 de agosto en Plaza de Mayo, Víctor De Gennaro anunciaba con sano orgullo: "Hoy hay algo nuevo. Hemos recuperado la identidad de la clase trabajadora sin la cual no hay movimiento nacional, popular y de liberación para nuestra patria." Esa identidad recuperada es el segundo gran coágulo de la CTA, el signo del inicio del alumbramiento de un nuevo sujeto, que se pre-siente y se identifica -aún sin definir- como "algo nuevo" que existe en la capital del país y en las provincias, en los campos y ciudades de todo el país.

      La construcción del sujeto no se detiene

      El jueves 16 de agosto, desmintiendo a quienes pretenden que "todos" los estudiantes son parte del "territorio del enemigo", jóvenes de diversas identidades y estudiantes, embanderaron con sus pasos agitados la conocida avenida rumbo a Plaza de Mayo junto a los trabajadores, a los piqueteros, los jubilados, las mujeres, los niños. Y serán más.

      El proceso continúa, la construcción socio-política como el sujeto-, no se detiene. Confrontando con la realidad y en diálogo con otros actores, el movimiento crece simultánea y entrelazadamente hacia afuera, hacia adentro y, sobre todo, desde adentro, profundizando el proceso de construcción desde abajo (es decir, desde la raíz y desde adentro), partiendo del reconocimiento de que no hay transformación social posible si no parte de las transformaciones internas de cada actor social e individual- involucrado en el proceso. Transformarse para transformar, transformando, sería tal vez la caracterización que más se aproxima al proceso de crecimiento y constitución-autonstitución del sujeto (de los actores en sujetos). Y como todo ello es parte intrínseca del propio proceso de intervención de los actores en las luchas y resistencias, dicho proceso deviene en proceso pedagógico de formación de conciencia, de organización, de propuestas, de sujetos, de poder y de proyecto. De ahí que el enfrentamiento - por todos y cada uno de los actores- de las limitaciones, trabas y contradicciones internas para liberarse de ellas, así como la potenciación de la fuerza interior y la voluntad de lucha y transformación de cada quien, constituyen una parte sustantiva de las tareas del momento actual que marcará nuevos peldaños en el proceso emancipador colectivo.

      Hacia un movimiento nacional y popular de liberación

      Sobre esa base y simultáneamente, fortaleciéndose, el movimiento de lucha y confrontación con la política de exclusión y genocidio por planificación económica del actual gobierno, profundiza sus reclamos, amplía sus fronteras sociales necesita hacerlo-, y comienza a tener conciencia de que es la historia presente la que toma cuerpo y alma en sus actos. Encarnada en la pluralidad articulada de actores-sujetos deja de ser ciega para luchar claramente por su proyecto, por lo que quiere ser. Y en gran medida esto es obra de un actor-sujeto fundamental que se ha reconstituido como tal: la clase trabajadora argentina. No se resume en ella el conjunto de actores-sujetos presentes en la vida socio-política nacional, pero una cosa es bien cierta y justa, y reafirma la centralidad de los trabajadores en el proceso de transformación en la época actual: sin ellos "no hay movimiento nacional, popular y de liberación para nuestra patria."


      Isabel Rauber: Socióloga. Estudiosa de los movimientos sociales latinoamericanos. Analista de la CTA.


ALAI, América Latina en Movimiento   2001-08-23

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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