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Estado chico, infierno grande.

 Por Francisco José Pestanha.  

El estado en todas sus formas sigue siendo hasta el momento la única herramienta apta para minimizar los efectos emergentes de las desigualdades que surgen del intercambio de bienes y servicios de una sociedad determinada y por lo tanto, la garantía para la obtención de mayores niveles de distribución de la renta. En nuestro país su desmantelamiento solo contribuyó a profundizar la brecha entre los sectores que más ingresos perciben y los que menos. Refortalecer el rol del estado central y los estados locales es un desafío que la Argentina deberá encarar en los próximos años si se pretende obtener un crecimiento económico sostenido y equitativo. 

 

Días pasados mientras me prestaba a digerir mi habitual café matinal, tuve la oportunidad de escuchar uno de los tantos comentarios “periodísticos” con los que el Dr. Mariano Grondona suele contribuir a las tortuosas alboradas mediátiacas de los argentinos. 

 

Nunca hubiera imaginado tal prestigioso jurista, devenido ahora en meticuloso comunicador, que alguna de sus sutiles opiniones hubiera podido causar a su eventual oyente, un trastorno capaz de causarle estragos respiratorios. 

 

Pero ello sucedió y aunque usted no lo crea al concluir su habitual prédica, una de las piezas de harina y agua con las que suelo acompañar dicha infusión se atascó en mi garganta y me provocó un cúmulo de espasmos que pusieron en serio peligro mi continuidad en este planeta.   

 

Sepan disculpar, los ocasionales lectores, la imposibilidad de transcribir textualmente la frase fatídica que causó tal trastorno. Solo puedo afirmar que el ahora arrepentido ex - partenaire de Bernardo Neustadt  y  en referencia al nuevo ajuste con el que el equipo económico pretende sacarnos de la desesperanza colectiva, concluyó su arenga diaria resaltando un enunciado parecido al siguiente; “una vez más, se encuentra vigente aquel slogan utilizado hace unos años, achicar el estado es agrandar la nación”.

 

Quienes todavía poseemos un poco de memoria y aunque el ejercicio de esa facultad no sea muy bien visto en una sociedad cuya tradición amnésica suele ser funcional a predicamentos como el de “Mariano” (como suelen nominarlo conspicuos representantes de la dirigencia adicta al régimen), podremos recordar que dicho slogan constituyó una de las herramientas comunicacionales que el equipo económico de la última dictadura militar utilizó para instalar el régimen más extractivo y concentrador del que se haya tenido conocimiento en nuestro país desde la colonización hispana.

 

Bajo ese lema (creo rememorar), se imprimieron millones de calcos que fueron colocados prepotentemente en una considerable cantidad de parabrisas traseros de automotores y en cuanto espacio público y privado resultara adecuado para difundir esta  buena nueva. 

 

Así, el recordado proceso de reorganización nacional que colocó a José Alfredo Martínez de Hoz en la cúspide de la conducción económica del país, comenzó con la infame tarea de desmembrar el estado de Bienestar que con tanto esfuerzo se había edificado en la Argentina.

 

La destrucción de dicha forma de estado constituía un antiguo sueño de los sectores vinculados al negocio financiero - especulativo que encontraban en él, un importante obstáculo para su desarrollo. El sustento académico - comunicacional de este anhelo que caló hondo en la conciencia de un importante sector de la sociedad, estuvo a cargo de los eternos patriarcas del laissez faire algunos de los cuales aún sobreviven.

 

Todavía conservo el recuerdo de estos dinosaurios predicando la conveniencia que el monstruo burocrático, creado por los representantes de la barbarie ( Yrigoyen y Perón), fuera desmantelado e incinerado y sobre sus cenizas, edificado un estado moderno reducido a una mínima expresión. Cumplida esta consigna sostenían con vehemencia, “la actividad privada de la mano del mercado conduciría a la sociedad argentina hacia un esplendoroso futuro con crecimiento sostenido”.

 

Sin perjuicio que en la actualidad comienza a transparentarse el verdadero objetivo que la patria financiera tenía en miras al encarar tal tarea, lo cierto es que el “medio pelo” criollo fue persuadido de la solvencia científica de estas ideas  y se entregó mansamente a un discurso que parecía en principio dotado de racionalidad. 

 

La idea que la  economía “funciona a través de mercados de bienes y servicios y cuanto menor es la interferencia de elementos exógenos sobre dichos mercados mejor el funcionamiento de la misma”, y que  el estado en todas sus formas debía  reducido a su mínima expresión para interferir lo menos posible sobre dicho intercambio”, fue adoptada a libro cerrado por una burguesía ansiosa de acercarse rápidamente al mundo desarrollado.

 

Esta verdadera ficción sobre la que se construyó todo el discurso mediático del “país financiero”, mas allá de constituirse en una práctica regla científico - analítica, no ha podido comprobarse en el mundo real. Así, como nadie discute que en el marco de las relaciones humanas,  el monopolio del estado en la aplicación de la ley es la herramienta que evita la anarquía social previniendo la venganza privada, no puede discutirse que la intervención del estado en la economía resulta indispensable para minimizar los efectos emergentes de las desigualdades que surgen del intercambio de bienes y servicios en una sociedad determinada y por lo tanto, la garantía necesaria para la obtención de mayores niveles de distribución de la renta.

 

Si analizamos seriamente los últimos años de desarrollo del sistema capitalista, los estados nacionales de los países del denominado primer mundo no han sido reducidos en modo substancial. Mediante la aplicación de políticas estratégicas lo que se ha generado es una reconversión parcial de algunas de las actividades que habían asumido oportunamente con motivo del desarrollo del estado de bienestar, y luego a consecuencia de la guerra y la pos - guerra.

 

El notorio crecimiento de las actividades vinculadas a la defensa y el control migratorio en los Estados Unidos, o las prácticas de expansión económica con capitales provenientes del sector público en Europa, demuestran que la intervención del estado sigue siendo vital en el desarrollo de las economías del primer mundo.   

 

Ahora bien, nos preguntamos por qué la estrategia comunicacional del sector financiero tuvo un alto grado de aceptación en la Argentina y por qué su burguesía aceptó con tanta pasividad el desmantelamiento del estado de bienestar y el desmembramiento del modelo sustitutivo de las importaciones, más aún cuando su crecimiento y desarrollo, estuvo tan vinculado a dicha forma de estado y de producción económica.  

 

No podemos negar que el estado nacional y los estados locales presentaban a mediados de la década de 1970 serios indicios de ineficacia, corrupción y retraso tecnológico. El régimen sustitutivo de importaciones no había logrado introducir en el sector público criterios de modernización en sus estructuras y las contínuas interrupciones del orden institucional además, habían impedido establecer un modelo de desarrollo estratégico que permitiera reconvertirlo en forma no traumática.

 

Aprovechando tal situación, la manifiesta ansiedad por el ascenso social y la tremenda pulsión por la obtención de réditos inmediatos que caracterizan al medio pelo argentino, se puso en funcionamiento un proceso de desmantelamiento inédito y vertiginoso de las empresas públicas de los recursos estratégicos del estado.

 

Este hecho sedujo a los sectores medios porque prometía una salida rápida a la cuestión de la eficiencia y del retraso tecnológico. En pocos años la burguesía argentina pudo acceder a un conjunto de técnicas inéditas en los servicios públicos y a diversos elementos de consumo. Dicho proceso, se vio favorecido además por una estructura crediticia falaz y usuraria que llevó a la clase media a un nivel de endeudamiento del cual le será  difícil desprenderse en el futuro. Ya nos enseñaba sabiamente Jauretche que el crecimiento estratégico es “un largo camino por delante que esta gente apresurada (el medio pelo) no está dispuesta a recorrer[1]

 

Por otra parte, resultando el proyecto privatizador sumamente atractivo para opciones de inversión de excedentes de capital extranjero ansiosos por la obtención de beneficios extraordinarios a bajo costo de inversión, favoreció la obtención de recursos anticipados para diseñar una inédita campaña mediática que creara el estado de permeabilidad social necesaria para la imposición del proyecto.

 

Así, el proceso de enajenación sistemática de los recursos públicos que hemos denominado oportunamente estrategia privatista y que fue objeto de un puntilloso análisis publicado hace mas de un año, dio origen además a la mayor fase de concentración capitalista en nuestro país . Nótese que un reciente informe del INDEC,  (Instituto Nacional de Estadísticas y Censo), que fuera lo suficientemente ocultado por el gobierno,  determinó que la distribución del ingreso en la Argentina para este año  fue el  más desigual de los últimos 27 años.

 

Las premisas que sostuvieron la desarticulación del estado y que impusieron un régimen especulador y extractivo resultan hoy socialmente inviables por cuanto el mismo, debe sustituirse inmediatamente por otro que genere mayores niveles de inclusión social.

 

En ese sentido debe hacerse notar que el proyecto de país instalado a partir del golpe de estado no se limitó a la imposición de una serie de  principios y  normas que sustentaran el intercambio de bienes y servicios y la distribución de las utilidades dentro nuestra sociedad,  sino que además intentó extenderse hacia una concepción especifica del individuo y de la sociedad.

 

Es por ello que en forma inminente deberán sentarse las bases de la formación de un nuevo estado que se convierta nuevamente en motor de desarrollo y progreso. La nueva consigna  refundar el estado para agrandar la nación” deberá hacerse carne en una sociedad y en una dirigencia que desgranando su sector público desangró al país.

 

 Ya nadie puede sostener seriamente el desarrollo económico social de un país como el nuestro, con su extensión territorial y con una población reducida, empobrecida y denigrada, pueda quedar sujeto exclusivamente al arbitrio de mercados de los cuales solo conocemos una serie de índices de difícil comprensión.

 

Pero la recreación del estado por si sola no bastará para recuperar la autosatisfacción de nuestra nación, si ello no se ve acompañado (como lo afirmáramos oportunamente) por una verdadera revolución cultural - formativa que imponga a lo largo de su territorio el plexo de valores y otros elementos de orden simbólico, que permitan rearticular una sociedad actualmente atomizada.

 

 Esta nueva identidad deberá estar sustentada en la diversidad socio - cultural que compone nuestra sociedad y mediante la vindicación de todos aquellos elementos del orden tradicional e histórico, que en épocas pasadas contribuyeron incipientemente a articularla ya que las naciones “no nacen y ni se desarrollan por generación espontánea, si no a través del devenir de los procesos históricos que motorizan sus componentes y sus líderes”.

 

El nuevo estado así fundado no solamente contribuirá efectivamente reafirmar los lazos socioeconómicos de nuestra sociedad sino además potenciará la reconstrucción de una identidad, sin la cual,  será imposible dotar a la Argentina del “nuevo sentido” que su pueblo reclama para recuperar el destino de grandeza.

 

En un próximo trabajo, analizaremos los ejes sobre los cuales a nuestro criterio deberá  sustentarse el sector público de cara al futuro.

 



[1] Jauretche Arturo: “El medio pelo en la sociedad Argentina”. Editorial Corregidor. Ed. 1996

 

Breve curriculum del compañero Francisco Pestanha.
Francisco José Pestanha, abogado, especialista en derecho administrativo; Estudiante de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires; Coautor de la Guía Ecológica para la Ciudad de Buenos Aires y del "Libro verde" (Plan de Ordenamiento Ambiental para la Ciudad de Buenos Aires) ambos editados por la Fundación de Trabajadores de Edificios y Propiedad Horizontal (SUTERH); Coautor del libro "33 de mano"; Autor de numerosos trabajos publicados por el mensuario "Reportes" de la Fundación Cristal y en la Página Web "Lo social.com.ar". Actualmente se desempeña como Jefe de la Oficina de Sumarios e Investigaciones Administrativas de la Administración de Parques Nacionales.
El compañero Pestanha, integra el equipo de INSURRECTOS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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